Sans armes, ni haine, ni violence

Jaime de Andrade nos presenta a un peculiar personaje del imaginario francés: Albert Spaggiari, el ladrón de guante blanco que protagonizó en 1976 la famosa casse du siècle, un espectacular robo de una filial de la Societé Géneral en pleno centro de Niza. Fue el último ladrón romático.

spaggiari

Tras el derrumbe del renqueante “imperio” colonial francés, desangrado en Algeria e Indochina, miles de hombres quedaron huérfanos. Alienados por la violencia extrema y la disciplina castrense de las unidades especiales, y acostumbrados a la retórica del gaullismo, el retorno a Francia y su resocialización en la vida civil no fue fácil. Surge así una generación perdida de militares. Muchos de ellos, incapaces de reconducir su existencia en una República que ahora renegaba de ellos, se sumergieron en el mundo del hampa. Otros tantos entraron en la órbita de los grupos paramilitares y terroristas de ultraderecha como la OAS. Decir esto y decir que se convirtieron en hampones es lo mismo: bajo la fachada política de esas agrupaciones a menudo se escondía poco más que redes de antiguos compañeros de armas dedicados al simple crimen organizado. De este entorno surgiría, sin ir más lejos, el famoso ladrón Jacques Mesrine, l’ennemi public numéro un, que habría de encontrar la muerte asesinado a sangre fría en París por un comando del GIGN.

Albert Spaggiari también fue uno de esos hombres. Originario de la Provenza, en 1950 se alista en un comando de boinas verdes y es enviado como paracaidista a Indochina. Allí comete un primer golpe de escasa ambición, que le vale unos años en penales tanto en ultramar como en la metrópoli. La dura vida de las cárceles coloniales es descrita en la fabulosa novela ‘Papillon’, un clásico de la literatura juvenil. Una vez regresa a Francia, la vida de Spaggiari se encarrila sólo a medias. Abre un comercio de fotografía en Niza, pero a la vez comienza a militar en el grupo terrorista OAS. De esta época cuenta el propio Spaggiari que le fue encargado atentar contra el general De Gaulle. Probablemente una mentira, fruto de la imaginación de Spaggiari.

spaggari2

En efecto, el ex-marine Spaggiari dedica gran tiempo a fantasear. Frustrado por su vida poco ambiciosa en el taller de fotografía, incapaz de adaptarse a la existencia pequeño burguesa tras años de combate en Indochina y poco exitoso con las mujeres, Albert Spaggiari devora novelas de delincuentes románticos. Poco a poco va fraguando un plan maestro que materialice sus ganas de aventura y de ascenso social: asaltar, por el clásico método del butrón, la cámara acorazada de la central de la Societé Génerale en la avenida Jean Médecin, en pleno corazón de Niza.

Antes de comenzar los trabajos, Spaggiari alquila una caja fuerte en el sótano del banco, en la que coloca un potente despertador mecánico, a fin de comprobar la existencia de alarmas acústicas y seísmicas. Una vez trazados los planos, Spaggiari empieza a moverse entre sus viejos conocidos del mundo del hampa marsellés, casi todos ellos ex-militares de Algeria e Indochina vinculados al terrorismo contrarrevolucionario. Pronto organiza piquetes de hasta 15 hombres, aunque habrá de reemplazarlos periódicamente, porque muchos desisten ante lo dificultoso de los trabajos. El 7 de mayo de 1976 acceden al alcantarillado y comienzan a taladrar el túnel de más de 8 metros a través de la dura roca granítica, hasta llegar a la pared de la cámara, de 1,8 metros de hormigón. Toda la perforación debe realizarse a mano y durante la noche; los trabajos se interrumpen unos días por la visita a “Nissa la bella” de Giscard d’Estaing.

El día viernes 16 de julio, a primera hora de la noche, los hombres de Spaggiari, el gang des égouteurs, acceden finalmente a la cámara. Spaggiari se había tomado el día libre para cenar con una amiga, pero en torno a las nueve y media de la noche regresa al locus delicti para presenciar la entrada triunfal en la sala acorazada. Según cuenta en sus memorias (Les égouts du paradis), trae a sus compinches paté y vino. Los ladrones comen, beben y brindan antes de abrir un sólo cofre. Tienen todo el fin de semana para el dificultoso trabajo de desvalijado. Más adelante, retornan a la superficie para acarrear el equipamiento necesario: lancetas térmicas, gatos hidráulicos y un grupo electrógeno.

spaggiariremy

Hasta la noche del domingo día 19 Spaggiari y sus hombres trabajan febrilmente por turnos intentando abrir el mayor número de cofres posibles. Consiguen reventar 371 cajetines de los aproximadamente 4000 que tiene el banco. El valor total del botín de la casse du siècle se calcula en torno a 60 millones de francos de 1976 (unos 7.8 millones de euros). Pero no sólo eso: el Societé Génerale de Niza es el banco de la alta burguesía de la Costa Azul. El gang des égouteurs encuentra pues cientos de fotografías pornográficas que comprometen a importantes políticos, aristócratas etc. Las cuelgan por toda la sala acorazada.

En torno a las dos de la mañana del domingo, y con todavía unas horas de desvalijado por delante, Spaggiari decide emprender la retirada ante las lluvias sobre Niza, que hacen subir el nivel de agua en las alcantarillas y ponen en peligro toda la operación. Antes de partir, Spaggiari hace su celebérrima inscripción en la pared del forzado santuario:

Sans armes, ni haine, ni violence

Así, el feo Spaggiari, el despojo de la realidad postcolonial, culmina su sueño: el de de ser un gentleman-cambrioleur, un ladrón de guante blanco, esa persona elegante que la vida le impidió ser.

Tardará poco en ser detenido, tras algunos fallos de bulto y por falta de discrección. Pero Spaggiari, entre tanto convertido en celebridad, no quiere dar con sus huesos en la cárcel. Cinco meses más tarde, pone en marcha un espectacular plan de fuga. Durante una audiencia con el juez, le distrae dándole a examinar unos planos y salta por la ventana al vacío, cayendo sobre un coche estratégicamente situado. Spaggiari, siempre en su afán de elegancia, enviará desde su escondite un cheque al propietario. Sus compinches le aguardan con una moto y consiguen sacarle del país. Los servicios secretos franceses intentan en vano ubicarle. Spaggiari es protegido por las dictaduras militares en Argentina y Chile, colaborando en particular con los grupos de terrorismo de Estado chilenos. Se burla de las autoridades francesas, enviando fotos disfrazado de Papá Noel, dando entrevistas desde lugares desconocidos en pleno Brasil o, incluso, jugando con fuego al retornar en varias ocasiones a Francia, tras cambiarse el rostro con cirugía. Surge el mito del Spaggiari romántico, el ladrón amable, el histrión. Sans armes, ni haine, ni violence.

En 1989 es encontrado muerto por causas naturales en la casa de su madre en Francia. Nunca se recuperó su parte del botín.

Comments (7)

  1. andré el gigante wrote::

    “Albert Spaggiari devora novelas de delincuentes románticos” [citation needed]

    Viernes, Agosto 7, 2009 at 08:58 #
  2. Clon de Mor wrote::

    De lejos creía que era Adrian Brody.

    Viernes, Agosto 7, 2009 at 19:02 #
  3. José Luis Ibáñez wrote::

    ans armes, ni haine, ni violence

    Jaime de Andrade nos presenta a un peculiar personaje del imaginario francés: Albert Spaggiari, el ladrón de guante blanco que protagonizó en 1976 la famosa casse du siècle, un espectacular robo de una filial de la Societé Géneral en pleno centro de Niza. Fue el último ladrón romático.

    spaggiari

    Tras el derrumbe del renqueante “imperio” colonial francés, desangrado en Algeria e Indochina, miles de hombres quedaron huérfanos. Alienados por la violencia extrema y la disciplina castrense de las unidades especiales, y acostumbrados a la retórica del gaullismo, el retorno a Francia y su resocialización en la vida civil no fue fácil. Surge así una generación perdida de militares. Muchos de ellos, incapaces de reconducir su existencia en una República que ahora renegaba de ellos, se sumergieron en el mundo del hampa. Otros tantos entraron en la órbita de los grupos paramilitares y terroristas de ultraderecha como la OAS. Decir esto y decir que se convirtieron en hampones es lo mismo: bajo la fachada política de esas agrupaciones a menudo se escondía poco más que redes de antiguos compañeros de armas dedicados al simple crimen organizado. De este entorno surgiría, sin ir más lejos, el famoso ladrón Jacques Mesrine, l’ennemi public numéro un, que habría de encontrar la muerte asesinado a sangre fría en París por un comando del GIGN.

    Albert Spaggiari también fue uno de esos hombres. Originario de la Provenza, en 1950 se alista en un comando de boinas verdes y es enviado como paracaidista a Indochina. Allí comete un primer golpe de escasa ambición, que le vale unos años en penales tanto en ultramar como en la metrópoli. La dura vida de las cárceles coloniales es descrita en la fabulosa novela ‘Papillon’, un clásico de la literatura juvenil. Una vez regresa a Francia, la vida de Spaggiari se encarrila sólo a medias. Abre un comercio de fotografía en Niza, pero a la vez comienza a militar en el grupo terrorista OAS. De esta época cuenta el propio Spaggiari que le fue encargado atentar contra el general De Gaulle. Probablemente una mentira, fruto de la imaginación de Spaggiari.

    spaggari2

    En efecto, el ex-marine Spaggiari dedica gran tiempo a fantasear. Frustrado por su vida poco ambiciosa en el taller de fotografía, incapaz de adaptarse a la existencia pequeño burguesa tras años de combate en Indochina y poco exitoso con las mujeres, Albert Spaggiari devora novelas de delincuentes románticos. Poco a poco va fraguando un plan maestro que materialice sus ganas de aventura y de ascenso social: asaltar, por el clásico método del butrón, la cámara acorazada de la central de la Societé Génerale en la avenida Jean Médecin, en pleno corazón de Niza.

    Antes de comenzar los trabajos, Spaggiari alquila una caja fuerte en el sótano del banco, en la que coloca un potente despertador mecánico, a fin de comprobar la existencia de alarmas acústicas y seísmicas. Una vez trazados los planos, Spaggiari empieza a moverse entre sus viejos conocidos del mundo del hampa marsellés, casi todos ellos ex-militares de Algeria e Indochina vinculados al terrorismo contrarrevolucionario. Pronto organiza piquetes de hasta 15 hombres, aunque habrá de reemplazarlos periódicamente, porque muchos desisten ante lo dificultoso de los trabajos. El 7 de mayo de 1976 acceden al alcantarillado y comienzan a taladrar el túnel de más de 8 metros a través de la dura roca granítica, hasta llegar a la pared de la cámara, de 1,8 metros de hormigón. Toda la perforación debe realizarse a mano y durante la noche; los trabajos se interrumpen unos días por la visita a “Nissa la bella” de Giscard d’Estaing.

    El día viernes 16 de julio, a primera hora de la noche, los hombres de Spaggiari, el gang des égouteurs, acceden finalmente a la cámara. Spaggiari se había tomado el día libre para cenar con una amiga, pero en torno a las nueve y media de la noche regresa al locus delicti para presenciar la entrada triunfal en la sala acorazada. Según cuenta en sus memorias (Les égouts du paradis), trae a sus compinches paté y vino. Los ladrones comen, beben y brindan antes de abrir un sólo cofre. Tienen todo el fin de semana para el dificultoso trabajo de desvalijado. Más adelante, retornan a la superficie para acarrear el equipamiento necesario: lancetas térmicas, gatos hidráulicos y un grupo electrógeno.

    spaggiariremy

    Hasta la noche del domingo día 19 Spaggiari y sus hombres trabajan febrilmente por turnos intentando abrir el mayor número de cofres posibles. Consiguen reventar 371 cajetines de los aproximadamente 4000 que tiene el banco. El valor total del botín de la casse du siècle se calcula en torno a 60 millones de francos de 1976 (unos 7.8 millones de euros). Pero no sólo eso: el Societé Génerale de Niza es el banco de la alta burguesía de la Costa Azul. El gang des égouteurs encuentra pues cientos de fotografías pornográficas que comprometen a importantes políticos, aristócratas etc. Las cuelgan por toda la sala acorazada.

    En torno a las dos de la mañana del domingo, y con todavía unas horas de desvalijado por delante, Spaggiari decide emprender la retirada ante las lluvias sobre Niza, que hacen subir el nivel de agua en las alcantarillas y ponen en peligro toda la operación. Antes de partir, Spaggiari hace su celebérrima inscripción en la pared del forzado santuario:

    Sans armes, ni haine, ni violence

    Así, el feo Spaggiari, el despojo de la realidad postcolonial, culmina su sueño: el de de ser un gentleman-cambrioleur, un ladrón de guante blanco, esa persona elegante que la vida le impidió ser.

    Tardará poco en ser detenido, tras algunos fallos de bulto y por falta de discrección. Pero Spaggiari, entre tanto convertido en celebridad, no quiere dar con sus huesos en la cárcel. Cinco meses más tarde, pone en marcha un espectacular plan de fuga. Durante una audiencia con el juez, le distrae dándole a examinar unos planos y salta por la ventana al vacío, cayendo sobre un coche estratégicamente situado. Spaggiari, siempre en su afán de elegancia, enviará desde su escondite un cheque al propietario. Sus compinches le aguardan con una moto y consiguen sacarle del país. Los servicios secretos franceses intentan en vano ubicarle. Spaggiari es protegido por las dictaduras militares en Argentina y Chile, colaborando en particular con los grupos de terrorismo de Estado chilenos. Se burla de las autoridades francesas, enviando fotos disfrazado de Papá Noel, dando entrevistas desde lugares desconocidos en pleno Brasil o, incluso, jugando con fuego al retornar en varias ocasiones a Francia, tras cambiarse el rostro con cirugía. Surge el mito del Spaggiari romántico, el ladrón amable, el histrión. Sans armes, ni haine, ni violence.

    En 1989 es encontrado muerto por causas naturales en la casa de su madre en Francia. Nunca se recuperó su parte del botín.
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    Domingo, Agosto 9, 2009 at 20:08 #
  4. José Luis Ibáñez wrote::

    Buen retrato, Jaime. Este tipo de personajes te enamora. Yo por mi parte he recuperado a un ladrón español de principios del XX que pudos er el origen del mito de Fantômas. Se llamaba Eduardo Arcos y le dedico alguna entrada en mi blog detectiveferrer.blogspot.com. Un saludo

    Domingo, Agosto 9, 2009 at 20:10 #
  5. bola wrote::

    me ha encantado tanto que me he comprado el libro :$

    aunque cualquiera que roba a los ricos me parece un ser despreciable.

    Domingo, Agosto 9, 2009 at 21:07 #
  6. Uderzo wrote::

    Es Société Générale; pon bien las tildes, ya que te gusta tanto presumir de los idiomas que manejas.

    Gilipollas.

    PD: Aún así, reconozco que el artículo mola.

    Viernes, Agosto 14, 2009 at 19:27 #
  7. Pujalte wrote::

    Gracias, ratolin ressentit.

    Sábado, Agosto 15, 2009 at 02:43 #