Guerras en el intestino

Jaime de Andrade os trae un breve who is who del mundo de la crítica gastronómica española, una auténtica casa de putas llena de puñaladas traperas y mala baba.
antonego


El mundillo de la crítica gastronómica española es muy reducido. Tan sólo son relevantes un puñado de críticos, casi todos ellos adscritos a un grupo de comunicación, más dos o tres blogs en internet. La peculiaridad es que todos ellos se llevan muy mal entre sí:

Carlos Maribona: el padrino
maribona Este individuo de aspecto porcino es Carlos Maribona, antiguo subdirector de ABC y redactor de los magros contenidos gastronómicos del decadente diario. Lo realmente importante de Maribona es su blog insertado en la web de ABC, Salsa de Chiles, posiblemente el mejor y más destacado del mundillo gastronómico español. También tiene un programa en Onda Cero. Pese a lo plúmbeo de su estilo, tan típico del grupo Vocento, Maribona ha conseguido pastorear a un rebaño de gourmets acólitos que contribuyen regularmente con sus comentarios. Casi todos hombres y madrileños – si bien llegan también contribuciones de provincias o incluso de sitios como Méjico o Colombia – se trata de muy solventes profesionales que comentan sobre grandes mesas y extraordinarios vinos en un tono a medio camino entre la testicular palmada y la camadería de vestuario de gimnasio caro. Algunos, los más activos, hacen doblete en otros blogs importantes; lo más sin embargo prefieren la piña en Salsa de Chiles. En verano se trasladan en masa a Marbella, donde también veranea el padrino Maribona, y comen en los mismos restaurantes. Sobre Maribona sus enemigos vierten toda suerte de maldades, algunos con patológica obsesión. Apodado extrañamente “el prejubilado”, se le ha llegado de acusar de hacer postear a su mujer y matrimonios y amigos, amén de crear un emporio siniestro con Andrea Tumbarello. Sin embargo, su némesis es José Carlos Capel.

José Carlos Capel: el malo de Ratatouille
capel José Carlos Capel es crítico gastronómico de El País y tiene una mala hostia de cojones. Uno de los más veteranos en España, pontifica desde que el mundo es mundo en una pequeña columna en el suplemento El Viajero. Lo llevo leyendo desde niño – yo he sido el único niño de España que leía crítica gastronómica – y siempre me fascinó lo implacable de su juicio y su uso reiterado del adjetivo “sápido”, que aparece en todas sus críticas. Capel es el archienemigo de los maribonos, refiriéndose al famoso blog como “pintoresco”, redactando críticas destructivas sobre sitios encumbrados por su rival vocentil e incluso llegando al extremo de revisitar restaurantes para someterlos a una peculiar reformatio in peius.

Rafael García Santos: críticas gongorinas (y dipsómanas)
santos El vizcaíno García Santos es crítico de El Correo Vasco pero ante todo prócer de Lo Mejor De La Gastronomía, un congreso gastronómico. Cae mal a todo el mundo, aunque se respeta su enorme erudición. El niño García Santos debió de caerse en una marmita de sopa de diccionario de sinónimos. De lo contrario no se explican los raptos gongorinos de sus críticas, sus delirantes adjetivaciones y sus peculiarísimas expresiones, como la “manjarosidad oceánica”, o la “inmaculabilidad sápida”. Para el que le interese pasar un rato de solaz y asueto, la integral de su exaltada obra literaria está en la web. Aunque quizá redacte bajo la influencia: en efecto, las malas lenguas atribuyen al Garcilaso de los pucheros un gusto desmedido por los vinos, que le lleva al exabrupto, la escena, el numerito y el espectáculo en los congresos que monta al alimón con esta o aquella taifa provincial.

Fernando Point: los misteriosos
point Fernando Point es el pseudónimo (tomado de Fernand Point, mítico cocinero francés, en la foto) de un grupo de tres críticos anónimos que escriben para El Mundo, en particular para el conseguidísimo suplemento La Luna de Metrópoli y el dominical Magazine. Son los mejores y no se meten con nadie, así que no vamos a decir nada malo de ellos.

Andrea Tumbarello: el protegido
tumbarello Aunque no se trata de un crítico, sino de un cocinero, Tumbarello merece aparecer aquí. Economista italiano reconvertido en cocinero, Tumbarello regentaba una humilde pero solidísima trattoria de por la zona de Atocha, algo que agradecer en una ciudad donde los restaurantes italianos suelen concentrarse en dos polos: cena de navidad de pizpiretas estudiantes de Periodismo y rejonazo infame. La comida era buena y los precios medios, aunque el servicio estaba caracterizado por lo que Capel eufemísticamente llama “risueña y enloquecedora vitalidad, que le permiten ejercer como el mejor relaciones públicas de sí mismo”. Con sus méritos y la amistad con Maribona, Tumbarello inicia una peculiar expansión y ahora posee nada menos que cinco restaurantes, incluido uno en Marbella para atender al colectivo maribono durante la época estival. Restaurantes que han sido, claro está, objeto de las iras de Capel.