
Jaime de Andrade retorna al continente negro en pos de los mejores estilismos. En esta nueva entrega de Arbiter elegantiae, el rockstar incombustible del mundillo dictatorial con ya más de 40 años de vigencia: Muammar al-Gadaffi.
Tanto en el ejercicio de la soberanía nacional como a la hora de elegir vestuario, yo creo que hay dos caminos: el aborregamiento o la frescura. Uno puede elegir por respetar la división de poderes, la economía de mercado, el derecho de propiedad, la independencia de los órganos judiciales, la austeridad presupuestaria…en suma, convertise en un país de chichinabo como pudiese ser Suiza o Luxemburgo. La otra opción, igualmente legítima, es montarse en el petrodólar y organizar un chiringuito con los amigotes de la mili, sin economía de mercado, ni jueces independientes, ni industria privada ni nada por el estilo. Lo que está claro es que si uno se decanta por esta última opción, si se quiere ser un rebelde, un verso libre de la escena internacional, uno debe ser el tío más molón del barrio. De lo contrario, uno corre el riesgo de convertirse en un Mahmud Ahmadineyad de la vida, descorbatado y con esos espantosos ternos de tres botones que ya no llevan ni cargos medios del PSC en ayuntamientos de la periferia barcelonesa, o un Fidel Castro, sumido literal y metafóricamente en el chandalismo geopolítico. Nadie quiere un dictador mal vestido.
No es el caso de Muammar al-Gaddaffi (Surt, Libia, 1942), pintoresco militar que lleva gobernando Libia desde 1969. Su gobierno se basa en tres pilares: socialismo islámico, pan-arabismo y petróleo. Todo ello, con un look muy peculiar, completamente alejado de la miseria estética de tipo soviético que tanto daño a hecho a la imagen pública de muchas dictaduras. El coronel Gaddafi pronto supo alejarse de la austeridad del uniforme de combate para optar por un estilo propio muy africano, lleno de personalidad, alegría y colorido.

Aquí vemos al líder pan-árabe con una fabulosa chilaba en motivos afrocéntricos que en cualquier momento podríamos ver vestida por M.I.A o en un vídeo de Major Lazer.

Con José María Aznar, tocado con una chilaba reinterpretada en brillos purpúreos. En este viaje oficial, recuerdo que Gaddafi regaló a nuestro presidente un caballo árabe.

En esta otra foto, el jefe de Estado libio junto a Silvio Berlusconi, ataviado con un pomposo uniforme de gala con chorreras (una bella tradición que no debería perderse), y un peculiar broche en forma de foto. Como detalle criticable se observa la corbata anudada con un feo windsor muy triangular, detalle típico de bedeles, guardas de Prosegur y maîtres de asador cutre, pero no de un líder panarabista. Detrás de Gaddaffi, un miembro de su guardia pretoriana, compuesta exclusivamente por mujeres que parecen salidas de un videoclip de Missy Elliot.
El coronel Muammar al-Gaddaffi ha tenido como hijos una banda de eurobasuras grasientos que por desgracia no han seguido los pasos de su grandeza. Uno de ellos, Saadi, dio la campanada participando con petrocapital libio clubes del Calcio, en los que incluso jugó algunos minutos. El otro, Hannibal, un agresivo playboy que llegó a protagonizar un incidente diplomático con Suiza. E incluso los que se dedican a actividades de provecho, como su hijo y asesor Mutassim, han aprendido bien poco de la estética del padre, vistiendo horribles remedos de ropa occidental parecen sacados de un desfile de moda nupcial masculina en el agro toledano.

Para concluir, al-Gadaffi con una combinación a lo Miami Vice de chilaba blanca con lo que parece una camisa oscura con detalles tornasolados y de nuevo con ese toque coqueto de broche africanista, acompañado del que quizás sea el político occidental mejor vestido, Nicolás Sarkozy. Perfecta prueba de que que hay dos estilos igualmente legítimos y respetables. Lo detestable son las medias tintas.
(En la próximas entregas de Arbiter elegantiae (et eurodetriti): Wolfgang Graf von Faber-Castell)
Comments (6)
Ostia puta Sarkozy es el de Die Antwoord
buah qué tonto, meterse con Ahmadineyad, un gitano malaje descorbatado y desaseado que lo mismo te vende un secapelo roto que te tira una bomba atómica, todo ello sonriendo. Te ciega el flamboyismo! no ves la grandeur de la bajeur!
El mejor hasta ahora, xd.
Mataría por una camiseta blanca con el mismo diseño que la primera chilaba, xd
me encanta la estatua de la última foto.
“compuesta exclusivamente por mujeres que parecen salidas de un videoclip de Missy Elliot.”
xdddddd
XDDD parece una estatua hinchable, como los castillos de las feria para que boten los niños. Todo el fondo de esa foto es grandioso: solemnidad frente a los cascotes.
¡qué gran baile entre política y moda!
ese fidel chandalero, parece que lo dice todo